Se considera que una persona tiene baja visión cuando tiene una limitación visual que le dificulta o impide la realización de una o varias tareas de la vida cotidiana.


La baja visión, en sí, no es una enfermedad (patología), sino que es la denominación genérica empleada para referirse a la limitación visual señalada. Esta limitación puede tener muchos orígenes distintos, aunque principalmente está causada por distintas patalogías, habitualmente asociadas a la edad, como pueden ser las cataratas, degeneración macular, retinopatía diabética, retinosis pigmentaria, aniridia, glaucoma, etc.


Hablar de baja visión no es hablar de ceguera; si una persona es capaz de distinguir formas tiene posibilidades de rehabilitar su visión para poder desenvolverse mejor en su vida cotidiana.


Como ha quedado dicho, la baja visión no es una enfermedad, por lo que no tiene cura. Sin embargo esto no quiere decir que haya que hundirse en la resignación, sino al contrario, hay que actuar lo antes posible.

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